viernes, 15 de julio de 2011

SUSANA FORTES Y “LA HUELLA DEL HEREJE”

“Los gallegos son muy de reírse de si mismos y espero que no me excomulguen”


Antes De ver convertida su novela “esperando a Capa” en película dirigida por Michael Mann, la escritora gallega afincada en Valencia Susana Fortes ha dado a luz un thriller, “La huella del hereje”, en el que regresa literariamente a la ciudad en la que hizo su carrera universitaria, un Santiago laberíntico aparecen muertos en la catedral y la figura del hereje Prisciliano se destaca sobre la del Apóstol

Después de esta novela ya no te van a dejar entrar en Galicia
Jajaja. Bueno, los gallegos son muy de reírse de sí mismos, tienen buen sentido del humor, y tampoco se van a escandalizar demasiado. Espero que no me excomulguen

¿Santiago es una ciudad abonada para el Thriller?
Santiago es el centro de poder en Galicia, político, eclesiástico, universitario, económico en muchos sentidos, y al mismo tiempo es una ciudad viva, que respira fuerte porque está llena de chavales, de gente joven. Tenía allí todos los ingredientes para armar una trama compleja, una historia con un arranque a lo David Lynch que es un poco homenaje a la serie Twin Peaks ¿Te acuerdas? Todos los capítulos empezaban preguntándose quién era esa Palmer, y se iba reconstruyendo el personaje a través de los amigos, de los familiares…En la novela hay una muerta que se apellida Pálmer y todo un mecanismo de dudas y de incógnitas en torno a ella. Además la encuentran muerta en la Catedral, cuando los crímenes en sagrado es una cosa más medieval que de hoy en día. Por otra parte aparece un manuscrito de un tal Prisciliano, que fuera de Galicia no es muy conocido, pero allí es todo un personaje. Es el primer hereje, y al mismo tiempo un cristiano ecologista medio hippy, una especie de Bob Dylan sin armónica.

¿Prisciliano mola?
Mola mogollón. Es un tipo que planteaba una visión panteísta de la naturaleza, ecologista, de comunión con la naturaleza y liturgias al aire libre, que conectaba con todos los ritos paganos celtas anteriores a la llegada de los romanos. Es del siglo IV, cuando roma se va tomar por saco. A este prisciliano le hacen una trampa entre el poder político y el religioso, y es la primera víctima de esa confluencia. Está en contra del celibato y a favor de la participación de las mujeres en la liturgia. Hoy la Conferencia Episcopal lo consideraría....

¿Un puto hereje?
Si, un puto hereje, porque la Conferencia Episcopal considera más grave el delito de hablar de la ordenación de mujeres sacerdotes que de la pederastia. Prisciliano levanta ampollas. Durante mucho tiempo hubo sectores muy priscilianistas dentro de la curia, y en el siglo XVIII las sociedades secretas que crecen en torno a la ilustración eran priscilianismo puro. Galicia se dividía entre priscilianistas y no priscilianistas, y había espías de unos y de otros. Jugo un papel importante

¿Su figura se cruza con la de Santiago apóstol?
Se especula con la posibilidad, bastante documentada, de que esté enterrado en la catedral. A Santiago todo el mundo sabe que se lo cargó herodes, y solamente con hacer la prueba del carbono 14 se vería que el tipo no estuvo en Galicia, pero no interesa. Me da igual quien esté enterrado en la Catedral, pero hay posibilidades, sustentadas en trabajos muy serios, de que sea el hereje quien ocupe el lugar del apóstol. Es una hipótesis fascinante. Me interesa esa parte de la ciudad de Santiago como laberinto, y cruce de caminos, cosmopolita

¿Has vuelto al lugar donde hiciste tu carrera universitaria?
Si, me apetecía pasarme un a temporada por allí, pero no he querido reflejar ese Santiago costumbrista, esa ciudad pequeña, de iglesia ,campanarios y soportales, donde se conoce todo el mundo; no he querido dar ese ambiente localista porque a mi el costumbrismo me espanta, sino que he tratado de reflejar un Santiago con una mirada más lejana, más internacional, que se pueda leer en cualquier parte y llegue la onda de una ciudad que también es un laberinto, donde hay una calle que se llama Sal si puedes

¿La de Lynch y Twin Peaks no es la única influencia?
Más que influencias son homenajes, porque soy mucho de hacer guiños, porque para construir personajes recurro a la idea de que somos lo que hemos leído, las películas que hemos visto, la música que nos ha gustado, y echo mano de esos elementos

¿También hay una clara denuncia ecológica?
Joder, es que hace dos días se desmanteló una red con dos altísimos cargos de la Xunta por un delito relacionado con laboratorios químicos y farmacéuticos, contaminación, blanqueo de capitales, conexión con el narcotráfico. La realidad supera a los libros

¿Todavía quedan policías y periodistas como los de tu novela?
A mi Castro me cae muy bien, un tío que además de policía es del Depor es un perdedor nato. Por sus ideas políticas no cae bien ni a los nacionalistas ni a los de PP, ni a los del PSOE ni a nadie. El de mis periodistas me parece un mundo en extinción. Me encanta ese ambiente cutre de las redacciones locales, con cuatro mesas, con el periodista veterano, Villamil, que ha vivido tiempos mejores en la profesión. Formando tándem con la becaria. Son esos afectos espontáneos que surgen, ese feeling entre un tipo mayor y una cría becaria

¿Los curas se prestan a ser personajes especialmente siniestros?
Si, con zapatones, de negro, muy rurales, pero a esos se les ve venir. Me dan más miedo los otros, esa especie de sectas dentro de la iglesia tipo legionarios de cristo. Son mucho peores que los curas de pueblo

¿Como va la adaptación cinematográfica de “Esperando a Robert de Capa”?
Después de haber comprado los derechos Michael Mann para su pequeña productora, luego se la compro Columbia, que es una de las grandes, y eso supuso cambios, firmar papeles, cláusulas...Luego se paralizó el proyecto por problemas personales de un guionista, pero ahora ya está entregado el guión, están el proceso del casting y va para adelante. Michael Mann lo ha tomado como un tema personal porque el fue muy amigo del hermano pequeño de Capa. El libro sale ahora en septiembre en Estados Unidos, y está tan implicado que como no le gustó la portada que habían elegido, los llamó y les pidió que la cambiasen. Ahora va a ser la misma que la de aquí, la de Planeta.

¿Has ganado más dinero con los derechos para el cine que con la venta de libros?
Las ventas del libro también han funcionado muy bien. Es un libro que lo han comprado hasta los chinos. Ali funcionan con pendidos y ya está todo vendido. He vendido Capa a todo el mundo
JR García Bertolín

SILVYA DE BÉJAR, ENCENDER EL “DESEO”

“Si medimos el sexo por capacidad orgásmica nosotras ganamos por goleada”


Diez años después de “Tu sexo es tuyo”, Sylvia de Béjar publica “Deseo”, como continuación natural pero teniendo en cuenta todo lo que en el ámbito sexual ha cambiado la sociedad en una década. El objetivo es ayudar a las mujeres, y también a los hombres, a que nunca tengan problemas de falta de deseo. Periodista y sexóloga, colaboradora habitual de la cadena SER, habla de todo lo relacionado con el deseo sexual y cómo esto afecta a nuestra vida y a las relaciones de pareja.

¿Cuánto sexo es lo normal?
Empezamos bien. Bueno, teniendo en cuenta que como mínimo hay dos que participan, lo normal sería lo que a los dos les pareciera apropiado. Es difícil, porque lo habitual es que hay uno que quiere un poco más que el otro, y para eso sólo queda negociar, al igual que negocias donde vas de vacaciones o dónde llevas a los niños al cole. Si tú quieres cinco y yo quiero tres, cómo llegamos a un punto de realismo en el que los dos estemos cómodos. El problema es que las parejas, sobre todos las mujeres, consideran que amor y negociación no combinan, pero han de combinar para que pueda funcionar.

Ah, ya me quedo más tranquilo. ¿Cuánto más deseo, mejor sexo?
No necesariamente, porque el deseo a veces te precipita y todo va muy rápido. En ocasiones el camino más largo es el mejor.

¿Sigues la estela de famosa Doctora Amor en la película “Choose Me”?
¡Ah, si! Ostras, voy a rescatar esa peli, porque me acuerdo que me encantó. Ella tenía muchos problemas, y lo siento pero no es el caso, ja ja ja. En este caso no se cumple lo de en casa del herrero cuchillo de palo

¿Por qué te dedicaste al sexo?
Quizá porque mis padres se separaron cuando era muy joven, en época de Franco, y entonces tener otras parejas era mal visto. Luego me he encontrado hombres que no sabían tratar a las mujeres, y decidí enseñarles a todos (risas), a ellas también, para evitar lo que yo he pasado de jovencita.

¿Ellos tienen menos problemas de sexo que ellas?
No, diría que más o menos igual. En los hombres hay más falta de deseo de la que se confiesa. Según las estadísticas son cada vez más los que van a terapias por falta de deseo. Las cifras van creciendo. En los años 60, cuando empezaron las terapias de ese tipo, iban básicamente mujeres, que siguen yendo por las mismas razones y en porcentajes parecidos. En cambio los hombres no iban y ahora van más. Hacerle creer a un hombre que su sexo es algo espontáneo, rápido, fácil, que él nunca tiene problemas, es un error, porque cuando tienen un problema les cuesta mucho más afrontarlo.

¿El sexo en la radio da mucho placer?
¿Lo dices por el programa? Muchísimo. Es muy divertido, hace que la gente sea feliz y yo soy feliz, claro que me encanta hacerlo en la radio, como me encanta hacer una web. El libro es lo más difícil porque lo haces en silencio, sola, y es muy duro, pero en cambio la radio en directo, te llaman, te dicen, te cuentan, te comentan, acabas haciendo amigos, Es participativo, sobre todo cuando ves que hay tanta gente con ganas de hablar y que puedes hacer tanto. La gente que está escuchando ve que es normal, que está bien, que no hay problema, y todo el mundo es un poco más feliz. ¿Verdad que milito?

¿Tienes vocación de gurú del sexo?
No tengo vocación de nada, sólo de ser feliz. Si hacer feliz a alguien me hace feliz a mí, ¿por qué no?

¿Las que les gusta que les llamen “zorrita” es mejor que se lo digan a su pareja?
Claro, si es un desconocido le puedes decir lo que te dé la gana, pero con tu pareja, como te importa tanto lo que piense de ti, a lo mejor no expresas ese deseo de ser habladas con una cierta obscenidad, o a los hombres a lo mejor les apetece hacerlo pero tampoco se atreven porque piensan qué va a decir mi chica, que soy un salido, un sátiro o cualquier chorrada. Estoy segura de que la mayoría de las parejas muere, se divorcia o lo que sea, sin saber lo que quería el otro. Eso es lo que pierde una relación.

¿Apostolado seglar para que el matrimonio o la pareja no maten el sexo?
Sí, creo en la pareja, es cómo funciona la sociedad. Nos hemos equivocado en el sentido de que antes nos casábamos y era una obligación de por vida. No te planteabas más, era lo que te tocaba, y ahora tiramos la toalla enseguida, a la mínima que algo no nos gusta. Nunca maduramos, somos como niños pequeños.

¿Folleu, folleu, que el món s’acaba?
¿El sexo que es?: una explosión de vida. Estoy vivo, siento, vibro, disfruto, gozo….La vida es muy dura y la explosión unos segundos, pero están esos minutos de compartirse. Si el sexo fuera algo que no tuviera más importancia que la que tiene, sonaría una alarma a las doce, te pillarías al primero que tienes a tu lado, te lo montarías y ya está. Lo que hace que de verdad valga al pena es que vibres y te haga sentir vivo.

¿El espíritu “hablemos de sexo” de la doctora Ochoa sigue sirviendo?’
Si, ella hizo un gran bien, pero se olvidó enseguida. Hablaba en los términos en que se podía hablar en esa época. Ahora somos más lúdicos hablando de sexo, más cachondos, más divertidos, más alocados. No me da miedo decir nada de lo que digo. Hace diez años, cuando escribí “Tu sexo es tuyo” me daba miedo decir lo que digo ahora. ¿Qué va a pasar, me van a aceptar, no se me tirarán encima...? Ahora digo lo que me pasa por las narices, menos cuando me entrevistan en la COPE, que me modero.

¿A quién le importa más el sexo, a los hombres o a las mujeres?
Los hombres piensan más en el sexo, pero a las mujeres también les importa mucho en el sentido de que muchas están se preocupan por no gustar, por no estar siempre dispuestas como querrían sus parejas. Cada vez nos vamos acercando más

¿Y quien la goza más?
No puedo opinar, no lo sé, Yo diría que las mujeres. Si lo medimos por capacidad orgásmica ganamos nosotras por goleada, claro, vosotros uno y nosotras tropecientos, pero no es el único medidor. No me cambiaba por ningún tío. Vosotros estáis todo el día con el sexo en la cabeza.

¿Todavía quedan muchas mujeres que no se enteran?
Si, por su falta de educación sexual, por sus miedos, la represión, el niña no te toques…Un hombre crece con un pene a la vista y en la mano y una chica no. Eso nos afecta mucho. Antes de llegar a la menstruación una niña tiene que saber que ahí hay algo que no sólo sirve para tener hijos-
JR GARCIA BERTOLÍN

INFILTRADOS

INFILTRADOS



Yo era uno ellos, uno entre los quince o veinte mil que aquel 15 de enero de 1978 participamos en Barcelona en la primera manifestación autorizada de la CNT desde la Guerra Civil. Recuerdo que, aunque invernal, la mañana empezó siendo radiante, feliz, sin que nada hiciese presagiar, con todo aquel entusiasmo compartido, con el rotundo éxito de la convocatoria, con su carácter reivindicativo y pacífico, que también ese día, especialmente ese día, las negras tormentas iban a agitar los aires y las nubes oscuras nos impedirían ver. A la vuelta de la esquina, después de habernos disuelto en paz y alegría, con la convicción de que aquello era el principio del resurgir del anarcosindicalismo en España, nos esperaban el dolor y la muerte.

Fue después de las 13 horas, mientras celebrábamos, almorzando en un bar, el éxito de aquella primera mani legal tras la dictadura, cuando la Televisión Española, que entonces era la única televisión de España, interrumpió sus emisión para informar de que un grupo de jóvenes encapuchados había arrojado cócteles molotov en la sala de fiestas Scala, conocida en toda España porque desde allí se emitía semanalmente un programa de variedades, y todo el local había comenzado a arder.

Inmediatamente esta tragedia fue asociada con la manifestación de la CNT y la Federación Anarquista Ibérica (FAI), que sonaba más peligrosa todavía, casi como una consecuencia, incluso cuando se supo que los cuatro trabajadores de la Scala muertos en el atentado terrorista – Ramón Egea, Juan López, Diego Montoro y Bernabé Bravo- pertenecían precisamente a ese sindicato que estaba viviendo una eclosión de nuevas afiliaciones, y eso que no dejaban apuntarse a los estudiantes ácratas, que era requisito tener una segunda profesión aparte de universitario. Por ejemplo yo era camarero.

Recuerdo como rompieron a llorar, a blasfemar y a lamentarse, algunos de los que con tanto esfuerzo habían preparado aquella manifestación para que fuese una demostración de fuerza rigurosamente pacífica y en contra de los Pactos de la Moncloa. Durante todo el recorrido se insistió hasta la saciedad en evitar provocaciones, y al finalizar el recorrido autorizado se pidió a todo el mundo que se disolviese y se fuese a celebrar aquel enorme éxito. Estupefactos, rotos, maldecimos a aquellos encapuchados cuyos cócteles molotov pusieron fin al crecimiento espectacular que estaba viviendo la CNT. Éramos ya 140.000 afiliados, y las Jornadas Libertarias que se habían celebrado en el Parque Güell habían reunido a ¡600.000! personas¡

Rabioso e indignados, negándonos a creer, asistimos en pocos días a la detención de José Cuevas, Xavier Cañadas y Arturo Palma, unos chavales del cinturón de Barcelona encuadrados en lo que entonces solíamos llamar anarcopasotas o anarcofolklóricos, siempre con el pañuelo negro al cuello pero con muy poco que ver con el movimiento obrero, que iban a jugar un triste papel en la reciente historia de España y a pasar unos cuantos años en la cárcel.

FRENAR EN SECO

Parece probado que ellos arrojaron uno o varios cócteles molotov en el vestíbulo de aquella sala de fiestas que salía todas las semanas en la tele y que ardió extraordinariamente rápido, pero tardó todavía un tiempo en saberse que un material llamado fosforita avivó y propagó las llamas. Primero en Francia y luego en España empezaron a escucharse voces que decían que lo de la Scala fue terrorismo de estado, una acción tras la cual se buscaba frenar en seco a la CNT poniéndola a la altura del GRAPO o de ETA, como un grupo de radicales peligrosos y violentos que no podían entrar en el juego democrático.

Ya en el primer juicio de diciembre de 1980 los abogados defensores pidieron la comparecencia del ministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa, que no acudió a declarar, y mantuvieron que todo era un montaje policial dirigido por confidentes policiales infiltrados en la CNT para desacreditar al sindicato y asestarle un golpe mortal ante la sociedad. Funcionó, pese a que poco a poco se fueron descubriendo nuevos detalles del papel que desempeñó el chivato de la policía Joaquín Gambín, apodado “El rubio”, “El Grillo” y “El Legionario”, un tipo lo suficientemente convincente como para manipular y embarcar a unos cuantos chavales de pañuelo negro al cuello y dirigir aquel atentado.

He querido contar una vieja batalla de la historia más oscura de la Transición de la que ya casi nadie se acuerda, para decirles a quienes ahora se echan las manos a la cabeza cuando se apunta la presencia de radicales infiltrados entre en el Movimiento 15M para desprestigiarlo, para hacerle perder el favor y la simpatía de mucha gente, que la presencia de oscuros reventadores de las mejores causas no es una paranoia. Los hubo en aquel atentado a la Scala, como quedó demostrado en un segundo juicio celebrado en diciembre del 83, como al parecer también pudo haberlos en otros pasajes y lamentables acontecimientos de la transición, como Montejurra, o en La matanza de abogados de la calle Atocha.

Resulta del máximo interés leer el último libro de Benjamín Prado dedicado a la Operación Gladio, la red creada por la CIA con la colaboración de la ultraderecha europea para infiltrarse en movimientos radicales como el GRAPO, la Baader Meinhof o las Brigadas Rojas. Este último grupo secuestró y acabó con la vida del presidente Aldo Moro cuando este se disponía apoyar un gobierno de concertación entre democristianos y comunistas de acuerdo con la propuesta de “Compromiso Histórico” planteada por Enrico Berlinguer, al que el propio Kissinger ya había amenazado si proseguía con su intención pactista. Había que cerrar las puertas al comunismo, a las revoluciones, aunque fuese a sangre y fuego o dejando morir al propio líder del partido gobernante.

En aquel año 78 la Scala, donde murieron cuatro trabajadores afiliados a la CNT, se puso fin a la primavera ácrata que España estaba viviendo tras la muerte de Franco, que algunos veían como una amenaza. Un sindicato no pactista que cuarenta años antes había movilizado a casi dos millones de españoles. Tenían que evitar a toda costa que la CNT fuese adelante en la nueva España, y aquel se convirtió en el golpe de gracia para conseguirlo en un momento en que dicen que en la Embajada Norteamericana operaban 800 espías para evitar cualquier desmadre en esa Transición que algunos hoy llaman transacción, remoto origen de esta indignación de ahora. Entonces ya había infiltrados. ¿Por qué no va a haberlos ahora?

JR GARCIA BERTOLÍN

martes, 10 de mayo de 2011

ELMIEDO COMO ANIMAL DE COMPAÑÍA

Apenas la muerte de Ernesto Sabato consiguió arrinconar durante unas horas tanta programación en clave de fútbol y miedo, que las televisiones más indecentes dejasen de pregonar el lado oscuro y violento de la vida porteña que ha contribuido-desde fuera, con ojos de visitante se ve mejor- a ese estado de temor en el que vive instalada una buena parte de la población de la capital federal de la República Argentina, de ese Buenos Aires más temido que querido, la ciudad de 14 millones de habitantes donde no dejan de recordarte que te encuentras en un lugar lleno de peligros que acechan, de mala gente que camina y se agazapa en cualquier esquina de esa mega urbe donde no puedes permitirte el lujo de bajar la guardia para vivir y disfrutar sin miedo. .


Desde el primer hasta el último momento no ha habido un solo bonaerense con el que haya conversado para algo más que preguntar por una calle, un monumento o un restaurante, que no haya puesto el énfasis en la nota violenta que preside la vida ciudadana, en la paranoia urbana que hace inevitable avisar al visitante de que allí se acepta el miedo como animal de compañía, de que la violencia es parte de la idiosincrasia bonaerense que se manifiesta entre piqueteros, malhechores, barras bravas, ladrones callejeros, adolescentes dispuestos a todo por un poco de “paco”, la droga de los pobres, asaltantes de colectivos (autobuses) o de viejecitos para robarles la pensión y lo que puedan.


LA CIUDAD TÓXICA



Es agobiante y cansino ese empeño ese intento por hacerte compartir el lado sombrío y temeroso, por atraerte a ese vivir con miedo que es una forma de estar de rodillas. Una jueza prejubilada y puede que algo desequilibrada, camino de su exilio salmantino, no dudó en calificar Buenos Aires como la ciudad tóxica y enferma donde la felicidad y el bienestar se vuelven cada día más imposibles, acaso únicamente alcanzables si te has blindado y protegido debidamente. También aquellos jubilados encontrados en Iguazú que se referían con temor y menosprecio a la capital de la nación y a sus pobladores


-En buenos aires vos caes al suelo por cualquier motivo y nadie va a parar a levantarte, nadie va a detenerse para ver qué te pasa.


El portero que protege y vigila la finca donde se encuentra tu apartamento alquilado por días te cuenta que en ese barrio, Palermo, residen tantos judíos porque los hijos de la tribu de Israel buscan seguridad e híper vigilancia las 24 horas del día, un barrio donde vivir e invertir tranquilos, donde las pijas, las señoras bien, visten como si estuviesen siempre haciendo footing o jogging, cumpliendo la primera norma sobre la que todo el mundo te alecciona: no aparentar, no lucir, no ostentar, no mostrar joyas, no llevar la cámara de fotos muy visible, no vestir prendas de ostentosa marca, no cocodrilos, no caballitos, no vistosas iniciales de diseñadores mundialmente famosos.


La no ostentación, el disimulo de cualquier riqueza es llevado al extremo de que aquel empresario al que no parecen irla nada mal las cosas te confiese que su todoterreno japonés está permanentemente aparcado en el protegido garaje, y que para desplazarse a su lugar de trabajo usa siempre un pequeño y desvencijado coche. No lo hace por gusto sino para no llamar la atención

La sociedad de la apariencia, en la que tantos viven en tantos lugares, rompe sus normas en la capital federal donde de lo que se trata es de pasar desapercibido para sobrevivir ,para no ser víctima, sin joyas ni relojes que atraigan la atención y provoquen la codicia de los habitantes de las villas miseria..


Independientemente de que exista una justificación estadística y real, tanto miedo llega a ser obsesivo y empalagoso, especialmente si lo percibes distante. Parecen obsesionados en que lo compartas y te sumerjas en él, como si no tuvieses bastante con tus propios temores. No importa que a ti no nada te haya ocurrido, que hayas paseado con tranquilidad, que hayas viajado sin contratiempos en autobús colectivo, parado en plena calle a uno de esos taxistas que asegura que el 90% de los servicios que realiza son por teléfono, y que por nada del mundo llevaría a un cliente a uno de esos “barrios bravos” donde la violencia y el delito campan con total impunidad por culpa de un gobierno que no deja hacer a la policía. Otros señalan la complicidad e inoperancia de de unos agentes del orden atrapados en medio del desencuentro y la hostilidad del gobierno de la capital federal y el gobierno de la provincia, de distinto signo político y al parecer volcados en hacerse la puñeta


Te dirán que esta mañana, o ayer, asaltaron tal o cual colectivo, que algunos de los 42.000 taxistas de la ciudad están compinchados con delincuentes, que la noche acecha, que hay barrios intocables, villas de la miseria y la emergencia, desorden y peligros; te contarán lo que le paso a su madre, su hermano, su tía, su hijo o su vecino (curiosamente casi nunca a ellos), casi con la misma contundencia con que lo hacen los noticiarios y otros monográficos de sucesos, y pondrán en entredicho cualquiera que sea el sistema que has elegido para moverte por una ciudad donde las distancias son tan grandes.


La toxicidad urbana se convierte en un estado en el que nadie se fía de casi nadie. ¿Un partido entre el River y el Boca? Ni se te ocurra. Los Barras Bravas son mafia violenta y pistolera que cobra hasta por aparcar en las inmediaciones de la cancha, que mezcla el futbol con cadenas, palos y navajas, tal vez emparentados con los delincuentes que se esconden en los garajes a esperar a la chicas bien de Palermo cuando regresan a casa después de festejar la noche del sábado.


Nada cuentan en la televisión de lo que está pasando en Libia o en Japón, porque se les va el minutado en relatar desmanes , en dar todo tipo de detalles y testimonios sobre el asalto a una vivienda que resultó habitada por un policía federal, de la banda que torturaba y desvalijaba viejecitos. El lema parece ser extender la contaminación tóxica sobre una de esas ciudades, como México DF, como el Nueva York de antes de Giuliani, que tal vez habría que haber evitado que se hiciesen tan grandes, donde los policías de barrio llevan chaleco antibalas y un cotidiano operativo para llevar o recoger dinero de una sucursal bancaria se pone en escena con un peliculero operativo de metralletas y gestos tensos y aguerridos.


¿A quien beneficia todo eso? El miedo es barato, contagioso y paralizante. Ahuyenta, aleja, impide disfrutar e induce a la sumisión y a la justificación de la contra violencia que pone en jaque la libertad. Aceptarlo como animal de compañía es otra forma de no vivir.

jueves, 3 de marzo de 2011

EN LOS BASUREROS

En los basureros de mi barrio cada vez es más fácil encontrar cintas de vídeo arrojadas como basura superada por la historia y ya definitivamente inservible. Cintas de VHS de las que nos desprendemos después de haberlas guardado durante un tiempo prudencial en las estanterías y armarios confiando en que pudiesen tener una segunda vida, pero no. Ni siquiera está claro que todo ese material de desecho tenga algún interés para los escarbadores de la economía residual que buscan entre los despojos de una sociedad en crisis aquellos objetos por los que puedan darles algo vendiéndolos a peso en la chatarrería



No parece ser el caso de todas esas películas entre las que hay infames largometrajes y lúbricas cintas porno, pero tambien muchos títulos interesantes, grandes éxitos que sin duda siguen reeditándose en nuevos formatos, pero que nada valen ya como vídeo de uso deméstico, entre otras cosas porque los reproductores, las máquinas que les daban vida , que les hacían cobrar movimiento y contar, mostrar sus contenidos e imágenes, han dejado de funcionar y también han ido a parar a los basurerors de la historia. Bien es verdad que, en este caso sí, pueden ser susceptibles de alguna clase de reciclaje menor, secundario y ecologícamente marginal.



Morbosamente detenido ante uno de esos contenedores donde la basura rebasa cada fin de semana, es imposible no repasar los títulos,las cintas VHSn esparcidas por el suelo, de las que alguno de mis vecinos se ha desprendido con más o menos pena. Y que no me pregunten qué extraña asociaciación establece mi cabecita loca para que en ese momento compare las las películas caídas con Mubarak, a Gadafi, Ben Ali, incluso a su sucesor Ghanuchi, que también son despojos arrojados al basurero de la historia después de dejar de ser "útiles" a su manera al sistema, al equilibrio de bloques, a la multipolaridad internacional, al festín energético occidental, de que la máquina que les ponía en movimiento, que proyectaba su película de terror y miseria, haya dejado definitvamente de funcionar. El problema es que en este caso , a diferencia de las cintas y los reproductores de videos, que han dado paso al reproductor de DVD, al grabador de DVD, al blu ray.., no está claro que haya irrumpido ningún sistema sustitutorio que vaya a funcionar eficazmente como una de esas democracias formales tan imperfectas, y de las que tanto nos quejamos quienes las disfrutamos, después de conquistar la libertad. A diferencia de las cintas VHS, esa basura huele mal.

A ver si la recogen pronto.

lunes, 28 de febrero de 2011

ENCÉS EN FLAMA(1)

Me asomo a la ventana y no veo a la chica de ayer, pero descubro que las Fallas ya están aquí. Lo sé porque la pequeña plaza de vocación peatonal, nunca consumada, aparece atestada de coches aparcados como caravana cíngara o como si se preparasen para defenderse de un inminente ataque de los apaches. Lo sorprendente es que sus dueños, uniformados con sus polares azules, parecen no tener ningún miedo a recibir el mismo trato que los demás ciudadanos: una buena multa en escasos minutos y un gruazo que te robe la alegría y te rompa el mes si te descuidas un poco más. Ja s’acosta Sant Josep. La calle vuelve a ser suya.



Hace muchos años que en ese mismo corazón partido y herido de la ciudad, con sus putas, sus traficantes, sus macarras, sus niños esnifando pegamento, me sorprendía la irrupción fallera de señores con puro cubano de importación, cochazo Mercedes Benz y señora con espléndida permanente, antes de dar paso al traje siglo XIX a juego con el rigurosamente negro cucaracha de sus maridos. Resultaron ser los falleros del barrio, de un barrio de mala nota por el que muchos ciudadanos decentes y honrados sólo se atrevían a adentrarse durante esos días festivos.



Treinta años después siguen por allí las putas, los macarras, los camellos, los proxenetas, pero también hay mucha vivienda joven y ya no se ven niños dándole a la cola y reventándose los pulmones. Algo ha cambiando, pero los falleros de las distintas comisiones del barrio siguen sin ser del barrio. Son Guadianas que aparecen y desaparecen, vienen y se van. Los veo salir del piso sin insonorizar convertido en Casal, y no me suena haber visto ni una sola cara el resto del año. Definitivamente, en Especial o en sección modesta, los falleros de mi barrio no son de mi barrio. Si acaso estrellas invitadas con licencia para aparcar, para disparar (fuegos y mascletás) para decidir que aquellos cuatro bancos que un día pusieron y que limitaban el aparcamiento irregular en la Plaza con nombre de batalla perdida, fueran un visto y no visto, otra batalla perdida, y desapareciesen para siempre porque molestaban durante unos pocos días.




Y por la tarde Crida, con la alegre muchachada tomando la calle por primera vez, y una Fallera Mayor que, esta sí, habla un buen valenciano. Sin postizos ni imposturas

jueves, 24 de febrero de 2011

¡CÓMO BEBI EL 23-F! LA NOCHE DE LOS TRANSISTORES ROTOS

Que no, que no me he equivocado, que donde quiero decir bebí no voy a escribir viví, sobre todo porque lo que me llevó a tanta ingesta alcohólica fue el miedo que tuve desde el momento en que supe del asalto al Congreso de los Diputados. Después, tras apenas diez minutos de dudas, decidí volver al Cuartel General del Ejército, ese tan chulo que hay con vistas a Cibeles y al Banco de España, y entregarme, rendirme, si, presentarme antes de que me llamaran y descubriesen la mentira de que no dormía en el domicilio del supuesto primo que me sirvió para obtener el pase pernocta, sino en un piso compartido con gentes dudosa reputación.



- ¿Pero qué haces desgraciado? ¿Acaso no sabes lo que está pasando?, fue lo que vino a decirme aquel señor cuando me vio por la calle con el anacrónico traje de romano que llevábamos los soldaditos del Ministerio. A la media hora cruzaba cabizbajo y acojonado el acceso al Cuartel General por la calle Barquillo, y minutos más tarde ya pude comprobar la tensión que reinaba en esas dependencias donde estaban los militares más promocionados por la UCD, se supone que por ser más demócratas que el resto del glorioso Ejército Español, ese que ahora es la institución más valorada por los españoles. Cosas veredes…



Madrid podía matar, y si tenía que morir que fuese bajo la anestesia de una buena cogorza, aunque todavía iba sereno cuando imaginé por primera vez que mis amigos destinados al Cuartel de El Goloso, a la División Acorazada Brunete, por tener menos enchufe que yo, podían irrumpir allí con sus tanques de un momento a otro y sin tiempo para recordar los buenos momentos pasado juntos en el CIR de Colmenar Viejo, todas aquellas risas en periodo de instrucción, todas nuestras burlas clandestinas a las clases para montar el Cetme o aprenderse los galones y graduaciones. Señor, sí señor.



¡Aquello iba en serio! Ya no se trataba de llevar el paso, dar novedades o sacarle brillo al cinturón y las botas. Esa fue la primera conclusión que saqué junto a algunos compañeros mientras contemplábamos las caras serias de oficiales y suboficiales. Estábamos varados en el centro de la tormenta, a cinco minutos del Congreso, pero afortunadamente la cantina estaba abierta y era barata. Lo estuvo durante al menos un par de horas providenciales, las suficientes para que nos mamásemos bien mamaos. Nunca podré olvidar a aquel arquitecto catalán que se había incorporado a filas tras agotar todas las prórrogas posibles y siempre presumía no haber probado probar el alcohol en su vida. Esa tarde/noche se bebía los copazos de ginebra de un trago, tapándose la nariz, sin respirar, buscando lo mismo que todos los demás, la curda que nos permitiese correr un telón al corazón y anestesiar todos los temores.



La tarde del 23-F me la bebí de miedo junto a otros soldados de remplazo , con “el clan de los universitarios acojonados”: médicos, filósofos, periodistas, abogados, economistas.., tan despreciado y puteado por algunos mandos intermedios y especialmente por los cabos voluntarios, niñatos reenganchados a los que les llevábamos cinco o seis años. Nos daba igual que fuesen alcoholes dudosos, esas marcas extrañas que se compraban para los bares de los cuarteles, seguro que las más baratas y peor destiladas, pero que obraban el milagro de que el brigada pudiese trincar y hacerse un chalé en Arganda o en Chinchón.





Sólo queríamos aturdimiento, melopea, adormilar el pavor en una noche loca de verdad. Hasta que nos echaron achispados de la cantina, pero no lo suficiente como para no enterarnos de que en Valencia habían salido los tanques a la calle y que aquellas unidades de Policía Militar que habíamos visto pasar en dirección a la Carrera de San Jerónimo no iban a liberar a los diputados sino a sumarse al Golpe. Tiembla, mamón



Treinta años después me cuesta reconocer en mí a aquel soldado ebrio que casi temblaba cuando, después de la retreta, del todos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar, escuchamos los gritos del Capitán Enrique González Mateos, un fascista de tomo y lomo que después sería procesado por el “Manifiesto de los Cien” (diciembre de 1981) aunque el empapelamiento por injurias, movimientos sediciosos y simpatía por los golpistas, no le impidiese ascender a comandante.



. Todo el mundo a dormir. Lo que tenga que pasar será lo mejor para España. No quiero oír ni un solo transistor, y al que le coja escuchando la radio se le va a caer el pelo.



No sabía disimular. Se le veía loco de ganas de que la asonada triunfase, soñando quizá con la posibilidad de ser él mismo, un chusquero, quien detuviese a todo un capitán general como Gabeiras Montero.



Minutos después ese mismo sujeto reventaba contra el suelo el transistor de uno de mis colegas de curda, pero al día siguiente el suyo era el rostro de la derrota, como lo fue el mío cuando anularon todos los permisos de fin de semana, y me colocaron en una de las puertas de la calle Alcalá, protegiendo el edificio de quién sabe qué peligros, mientras pasaban ante mi cientos de personas de camino a la gran manifestación de rechazo al golpe. A algunos niños les daba miedo, tan tapado, tan armado, tan siniestro, pero entre los adultos hubo algún gracioso que pedía que dejase mi arma y me fuese con ellos a gritar en defensa de la democracia. En ese momento pensé que tenía que desmilitarizarme cuanto antes, irme de allí. Lo logré tres meses más tarde fabricándome a conciencia una úlcera “Post 23-F” que me llevase a la divina condición de inútil total. Pero esa ya es otra historia, en la que también hubo mucha ginebra cuartelaría y de garrafón.