lunes, 28 de febrero de 2011

ENCÉS EN FLAMA(1)

Me asomo a la ventana y no veo a la chica de ayer, pero descubro que las Fallas ya están aquí. Lo sé porque la pequeña plaza de vocación peatonal, nunca consumada, aparece atestada de coches aparcados como caravana cíngara o como si se preparasen para defenderse de un inminente ataque de los apaches. Lo sorprendente es que sus dueños, uniformados con sus polares azules, parecen no tener ningún miedo a recibir el mismo trato que los demás ciudadanos: una buena multa en escasos minutos y un gruazo que te robe la alegría y te rompa el mes si te descuidas un poco más. Ja s’acosta Sant Josep. La calle vuelve a ser suya.



Hace muchos años que en ese mismo corazón partido y herido de la ciudad, con sus putas, sus traficantes, sus macarras, sus niños esnifando pegamento, me sorprendía la irrupción fallera de señores con puro cubano de importación, cochazo Mercedes Benz y señora con espléndida permanente, antes de dar paso al traje siglo XIX a juego con el rigurosamente negro cucaracha de sus maridos. Resultaron ser los falleros del barrio, de un barrio de mala nota por el que muchos ciudadanos decentes y honrados sólo se atrevían a adentrarse durante esos días festivos.



Treinta años después siguen por allí las putas, los macarras, los camellos, los proxenetas, pero también hay mucha vivienda joven y ya no se ven niños dándole a la cola y reventándose los pulmones. Algo ha cambiando, pero los falleros de las distintas comisiones del barrio siguen sin ser del barrio. Son Guadianas que aparecen y desaparecen, vienen y se van. Los veo salir del piso sin insonorizar convertido en Casal, y no me suena haber visto ni una sola cara el resto del año. Definitivamente, en Especial o en sección modesta, los falleros de mi barrio no son de mi barrio. Si acaso estrellas invitadas con licencia para aparcar, para disparar (fuegos y mascletás) para decidir que aquellos cuatro bancos que un día pusieron y que limitaban el aparcamiento irregular en la Plaza con nombre de batalla perdida, fueran un visto y no visto, otra batalla perdida, y desapareciesen para siempre porque molestaban durante unos pocos días.




Y por la tarde Crida, con la alegre muchachada tomando la calle por primera vez, y una Fallera Mayor que, esta sí, habla un buen valenciano. Sin postizos ni imposturas

jueves, 24 de febrero de 2011

¡CÓMO BEBI EL 23-F! LA NOCHE DE LOS TRANSISTORES ROTOS

Que no, que no me he equivocado, que donde quiero decir bebí no voy a escribir viví, sobre todo porque lo que me llevó a tanta ingesta alcohólica fue el miedo que tuve desde el momento en que supe del asalto al Congreso de los Diputados. Después, tras apenas diez minutos de dudas, decidí volver al Cuartel General del Ejército, ese tan chulo que hay con vistas a Cibeles y al Banco de España, y entregarme, rendirme, si, presentarme antes de que me llamaran y descubriesen la mentira de que no dormía en el domicilio del supuesto primo que me sirvió para obtener el pase pernocta, sino en un piso compartido con gentes dudosa reputación.



- ¿Pero qué haces desgraciado? ¿Acaso no sabes lo que está pasando?, fue lo que vino a decirme aquel señor cuando me vio por la calle con el anacrónico traje de romano que llevábamos los soldaditos del Ministerio. A la media hora cruzaba cabizbajo y acojonado el acceso al Cuartel General por la calle Barquillo, y minutos más tarde ya pude comprobar la tensión que reinaba en esas dependencias donde estaban los militares más promocionados por la UCD, se supone que por ser más demócratas que el resto del glorioso Ejército Español, ese que ahora es la institución más valorada por los españoles. Cosas veredes…



Madrid podía matar, y si tenía que morir que fuese bajo la anestesia de una buena cogorza, aunque todavía iba sereno cuando imaginé por primera vez que mis amigos destinados al Cuartel de El Goloso, a la División Acorazada Brunete, por tener menos enchufe que yo, podían irrumpir allí con sus tanques de un momento a otro y sin tiempo para recordar los buenos momentos pasado juntos en el CIR de Colmenar Viejo, todas aquellas risas en periodo de instrucción, todas nuestras burlas clandestinas a las clases para montar el Cetme o aprenderse los galones y graduaciones. Señor, sí señor.



¡Aquello iba en serio! Ya no se trataba de llevar el paso, dar novedades o sacarle brillo al cinturón y las botas. Esa fue la primera conclusión que saqué junto a algunos compañeros mientras contemplábamos las caras serias de oficiales y suboficiales. Estábamos varados en el centro de la tormenta, a cinco minutos del Congreso, pero afortunadamente la cantina estaba abierta y era barata. Lo estuvo durante al menos un par de horas providenciales, las suficientes para que nos mamásemos bien mamaos. Nunca podré olvidar a aquel arquitecto catalán que se había incorporado a filas tras agotar todas las prórrogas posibles y siempre presumía no haber probado probar el alcohol en su vida. Esa tarde/noche se bebía los copazos de ginebra de un trago, tapándose la nariz, sin respirar, buscando lo mismo que todos los demás, la curda que nos permitiese correr un telón al corazón y anestesiar todos los temores.



La tarde del 23-F me la bebí de miedo junto a otros soldados de remplazo , con “el clan de los universitarios acojonados”: médicos, filósofos, periodistas, abogados, economistas.., tan despreciado y puteado por algunos mandos intermedios y especialmente por los cabos voluntarios, niñatos reenganchados a los que les llevábamos cinco o seis años. Nos daba igual que fuesen alcoholes dudosos, esas marcas extrañas que se compraban para los bares de los cuarteles, seguro que las más baratas y peor destiladas, pero que obraban el milagro de que el brigada pudiese trincar y hacerse un chalé en Arganda o en Chinchón.





Sólo queríamos aturdimiento, melopea, adormilar el pavor en una noche loca de verdad. Hasta que nos echaron achispados de la cantina, pero no lo suficiente como para no enterarnos de que en Valencia habían salido los tanques a la calle y que aquellas unidades de Policía Militar que habíamos visto pasar en dirección a la Carrera de San Jerónimo no iban a liberar a los diputados sino a sumarse al Golpe. Tiembla, mamón



Treinta años después me cuesta reconocer en mí a aquel soldado ebrio que casi temblaba cuando, después de la retreta, del todos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar, escuchamos los gritos del Capitán Enrique González Mateos, un fascista de tomo y lomo que después sería procesado por el “Manifiesto de los Cien” (diciembre de 1981) aunque el empapelamiento por injurias, movimientos sediciosos y simpatía por los golpistas, no le impidiese ascender a comandante.



. Todo el mundo a dormir. Lo que tenga que pasar será lo mejor para España. No quiero oír ni un solo transistor, y al que le coja escuchando la radio se le va a caer el pelo.



No sabía disimular. Se le veía loco de ganas de que la asonada triunfase, soñando quizá con la posibilidad de ser él mismo, un chusquero, quien detuviese a todo un capitán general como Gabeiras Montero.



Minutos después ese mismo sujeto reventaba contra el suelo el transistor de uno de mis colegas de curda, pero al día siguiente el suyo era el rostro de la derrota, como lo fue el mío cuando anularon todos los permisos de fin de semana, y me colocaron en una de las puertas de la calle Alcalá, protegiendo el edificio de quién sabe qué peligros, mientras pasaban ante mi cientos de personas de camino a la gran manifestación de rechazo al golpe. A algunos niños les daba miedo, tan tapado, tan armado, tan siniestro, pero entre los adultos hubo algún gracioso que pedía que dejase mi arma y me fuese con ellos a gritar en defensa de la democracia. En ese momento pensé que tenía que desmilitarizarme cuanto antes, irme de allí. Lo logré tres meses más tarde fabricándome a conciencia una úlcera “Post 23-F” que me llevase a la divina condición de inútil total. Pero esa ya es otra historia, en la que también hubo mucha ginebra cuartelaría y de garrafón.

viernes, 28 de enero de 2011

LEERNOS LA CARTILLA

Justo al día siguiente de nacer, nunca más tarde, mi padre nos abría una cartilla en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Con un duro, que por aquel entonces era la doceava parte de un dólar que se mantenía siempre firme y constante, ni frío ni calor, ni ataques de los mercados, en sesenta pesetas la unidad. Al entregar aquel duro, aun sin salir de la incubadora, recibíamos un álbum cuya colección de cromos de animales, trajes regionales y monumentos nacionales iría aumentando en la medida que creciesen nuestros ahorros Aquellas cinco pesetas eran el principio de una hermosa amistad con la entidad que durante años nos daría de merendar la tarde de Reyes mientras nos poníamos hasta las cejas de películas de Tom y Jerry en el Salón de Actos. Más tarde La Caja nos llevaría de colonias de verano a Comarruga, y , bastantes años después, nos facilitaría el primer préstamo de nuestra vida para comprar una Vespa, antes de acoger a unos padres octogenarios- los que pusieron el primer duro- en un residencia que no lo parecía, de inigualable relación calidad precio, promovida por Obra Social. La Caja era algo próximo en nuestras vidas, de principio a fin. Próxima y amiga. Hasta nos hacía sentir que estaba de nuestro lado.

Como nada dura eternamente, el Monte de Piedad se tiró al monte, y los filantrópicos motivos de ayudar al necesitado y combatir la usura que llevaron a crearlo al Padre Piquer se convirtieron solo en una coartada para hacer caja en la caja. Quedaron los bonitos anuncios, que la publicidad es muy sufrida y engañosa, pero llegó el mamoneo, la obsesión de crecer, parecerse a los bancos y competir con ellos. Llegó el mangoneo de las Cajas de Ahorros por parte la clase política, su instrumentalización, su conversión en refugio y canonjía con excelente sueldo, de alcaldes, conselleres y hasta presidentes autonómicos ya amortizados, en detrimento de los impositores del duro, que empezaron a no tocar bola cuando irrumpió el mercado global y su deprisa deprisa. Se soltó dinero a espuertas para obras faraónicas condenadas al fracaso, se prestó dinero hipotecario sin control no con la intención de ayudar a la gente a tener una vivienda digna, sino para sumarse a la corriente especulativa que hincho la burbuja inmobiliaria hasta que explotó de forma tan brutal que nos quedamos todos empapados en un cemento que no para de endurecerse.

Las Cajas de Ahorros servirían como enésima demostración de la capacidad humana para pervertirlo todo, para traicionar cualquier buen fin o propósito, para joder la marrana y el invento. Fundidas, fusionadas, refundadas, cambiadas de nombre para borrar su identidad, intervenidas o fiscalizadas, al borde del abismo y cada vez más alejadas- años luz- del fin promover el ahorro, dar soporte a los emprendedores y a las pequeñas empresas, de ayudar a la gente a vivir mejor ahora que tanta falta hace, alguien debería pagarlo. Pero, como siempre, los culpables saldrán de rositas y buscarán acomodo en otros consejos de administración. Ya se aleja la caja. Adiós a los cromos y a las chocolatinas de Reyes, a Tom y a Jerry. Europa, la Merkel, el mercado global, Davos y la madre que los parió nos están leyendo la cartilla, y de qué manera. Acojona

JR GARCIA BERTOLIN

martes, 25 de enero de 2011

CANAPÉ-RAPTORS



Escribía Francisco Umbral en los albores de los 90 que una persona que manejase bien la agenda social madrileña podía comer gratis todos los días del año en la capital de España. Cuando lo dijo los dinosaurios ya se habían extinguido de la tierra en su mayor parte, pero una especie había logrado sobrevivir por su gran capacidad para adaptarse al medio urbano, los “Canaperaptors”, con los que ni siquiera ha logrado acabar esta brutal crisis que nos golpea. Siguen estando allí donde haya cuchipanda, un ágape, un coctel, un vino español, un aperitivo institucional, un papeo de gorra, donde todavía no se ha puesto definitivamente coto al canapé ni a las empresas de catering. Para verlos en acción, para poder apreciar sus movimientos felinos, su ágil y mortal danza en torno a bandejas y camareros, para estremecerse con sus ataques certeros, con su engullir en tres tiempos una pieza tras otra, sin atragantarse, sin escupir la mitad, basta con acudir a cualquier celebración, presentación o estreno cuya partida contemple unos cuantos euros para comprar delicatessen, o al menos kilo y medio de queso y jamón en lonchas.

En la Valencia abierta y hospitalaria, tierra de generosa tradición canapera, tienen su hábitat unos cuantos ejemplares, tan pródigos como canosos, de esta especie depredadora y bien capaz de sostener con sólo dos manos, y sin perder el equilibrio, un catálogo, un libro institucional, el abrigo, la cartera, una empanadilla, la copa, una empanadilla de queso y espinacas y uno o varios pinchos de dátil con beicon. ¡Prodigioso!. Sus habilidades cazadoras y devoradoras están bien testadas, mucho más que cualquier capacidad como periodistas, artistas plásticos o escritores. De profesión canapé-raptors, especialistas en papeos de gorra, en desarrollar ese instinto para distinguir en las agendas del día de Valencia y sus confines, aquellas convocatorias nutritivas. El olfato para la pitanza es su más agudo sentido.

El mundo científico debate sobre si el canapé-raptor es una especie en vías de extinción o esta garantizada su supervivencia. Se diría que en los tiempos que corren sus posibilidades de perpetuarse no son muchas, pero entre la manada de la alegre muchachada con el 42 por ciento de desempleo pueden encontrarse ejemplares jóvenes que apuntan maneras dentro de una evolución natural que les lleva a modificar gustos y preferencias, a valorar más el beber gratis total que el comer por la cara. Pocas palabras hay tan gratas y mágicas para ellos como las que se unen para formar “barra libre”

Los canapé-raptors viven al filo de lo imposible y saben que no son gratos pero sí temidos. Profundamente omnívoros y de fácil digerir, pero al mismo tiempo adictos al omeprazol, han logrado desarrollar una admirable capacidad para simular que atienden cuando el orador habla, que les interesa lo que su interlocutor les cuenta, mientras su atención está únicamente focalizada en la puerta por la que inician su paseíllo las presas con bandeja, a la s que no darán ninguna oportunidad.

JR GARCÍA BERTOLÍN

viernes, 21 de enero de 2011

FUSILES, NIÑOS Y FLORES

Estos fusiles floreados, inevitablemente, recuerdan a otros fusiles floreados en una primaveral y hermosa revolución de claveles que, allá por el 74, nos puso los dientes largos a millones de españoles, tanto que algunos nos fuimos corriendo a cruzar la frontera y, por mucho que pasen los años, por mucho que nos coma el olvido nunca podremos borrar de nuestros más intensos y hermosos recuerdos aquel Primero de Mayo en la Plaça do Rossio, vibrante corazón de un Portugal cuyo ímpetu transformador languidece tantos años después bajo las implacables reglas del mercado global. Descubrimos que los uniformes no siempre tenían que dar miedo.



Es un salto en el tiempo lo que provoca esa foto del soldado tunecino que muestra su fusil adornado con una flor.Como en aquel Portugal, no es fácil fiarse de unas fuerzas armadas más que sospechosas de complicidad con la dictadura, pero la poética sigue ahi, emergiendo por el lugar de las balas, como un abrazo hermoso con los anhelos de la gente, como un brote de esperanza. En Portugal el siguiento paso fue que un niño irrumpió en esa imagen para hacerse historiia y desplazar del primer plano a los soldados



Oiga, a quién tienen que pedirle los casi agnósticos, los moderadamente no creyentes, los que apenas ruegan dando o sin dar con el mazo, los que no rezan ni tiran de jaculatoria, los que sólo encienden velas para acabar con la oscuridad, los ecuménicos paganos, los sin dios,los que añoran un señor de los espacios infinitos sin adscripción confesional, los ....para que lo de Tunez vaya bien, para que la ira se calme y nazca en el Magreb, aquí al lado, un régimen democrático, acaso tan imperfecto como los del otro lado del mar, donde la familia y allegados del dictador de turno no se lo queden todo.



Que por una vez el mundo árabe no exporte fanatismo e intransigencia, ni tampoco el ofensivo despilfarrar de saudies,quataries y toda clase de emires árabes, sino libertad, fraternidad y toda la igualdad que sea posible. Que no se dé por hecho que en cualquier país de Africa siempre acaba pasando lo mismo y todas las esperanzas se desvanecen cuando un sátrapa sigue siempre a otro sátrapa.



Os dejo la letra de la canción que Lluis Llach compuso a aquella Revolución de los claveles que, después del batacazo chileno, llenó miles de gargantas con el grito "O povo unido, jamais sera vencido". Bendita, y a veces maldita, nostalgia



Companys, si sabeu on dorm la lluna blanca,

digueu-li que la vull

pero no puc anar a estimar-la,

que encara hi ha combat.



Companys, si coneixeu el cau de la sirena,

alla enmig de la mar,

jo l'aniria a veure,

pero encara hi ha combat.



I si un trist atzar m'atura i caic a terra,

porteu tots els meus cants

i un ram de flors vermelles

a qui tant he estimat,

si guanyem el combat.



Companys, si enyoreu les primaveres lliures,

amb vosaltres vull anar,

que per poder-les viure

jo me n'he fet soldat.



I si un trist atzar m'atura i caic a terra,

porteu tots els meus cants

i un ram de flors vermelles

a qui tant he estimat,

quan guanyem el combat.



EN CASTELLANO



Compañeros, si sabéis donde duerme la luna blanca,

decidla que la quiero

pero que no puedo acercarme a Amarla,

porque aún hay combate.



Compañeros, si conocéis el canto de la sirena,

allá en medio del mar,

yo me acercaria a buscarla,

pero aún hay combete.



Y si un triste azar me detiene y doy en tierra,

llevad todos mis cantos

y un ramo de flores rojas

a quien tanto he amado,

si ganamos el combate.



Compañeros, si buscáis las primaveras libres,

con vosotros quiero ir

que para poder vivirlas

me hice soldado.



Y si un triste azar me detiene y doy en tierra

llevad todos mis cantos

y un ramo de flores rojas

a quien tanto he amado.

Cuando ganemos el combate.

miércoles, 12 de enero de 2011

HAITÍ UN AÑO DESPUÉS

Hace un año que nuestros corazones encogieron cuando la tierra se abrió en ese pequeño y pobre pais americano donde 365 días después casi todo está por hacer y la sitiuación sigue siendo casi igual de terrible.La mayor parte de los paises que sacaron pecho solidario en la conferiencia de donantes no han cumplido lo que prometieron, salvo que algunos, como Estados Unidos, pretendan cobrarse en cooperación el desembolos de sus tropas militares de ocupación.Haiti, un año después, es paradigma de la incapacidad de un mundo en el que mandan los mercados y las multinacionales.



Las noticias que nos llegan no pueden ser más desalentadoras y contribuyen a perfilar la imagen de un estado completamente fallido ,de unpueblo golpeado y afligido por todo tipo de desgracias y catástrofes , naturales y no naturales, de un pais que no sabe valerse por sí mismo: pucherazo electoral, cólera, agresiones sexuales, delincuencia, desorganización, ruínas,incapacidad para desescombrar un sólo metro cúbico ...Sólo la religión y las creencias espirituales, incluído el vudú, parecen reconfortar a una parte de la población de esa nación que reclama toda esa solidaridad que, como decía Eduardo Galeano, es la ternura de los pueblos.



Ese balance de inoperancia e incapacidad internacional es una afrenta a los valores humanos, una reedición del antiguo y miserable "ojos que no ven, corazón que no siente".Haití es fiel reflejo de un mundo frágil, egoista, en el que cada día surgen nuevos elementos para concluir que todo nos conduce al desatre, donde no se hace nada cuando todo está por hacer y cualquier argumento se converte en coartada para la inoperancia.

LO QUE SÉ DE HAITÍ

Hoy el Telediario cuenta de graves disturbios en distintas ciudades haitianas, de asaltos y revueltas protagonizados por una población al límite de lo vitalmente imposible que echa la culpa a los Cascos Azules nepalíes de haber llevado al país el virus del cólera, que sigue contagiando y matando. Una cooperante asegura que lo peor está por llegar. Las imágenes son malas y la noticia dura apenas dos minutos


El año en que nací François Duvalier fue elegido presidente de Haití, un país del que en la España cerrada y dictatorial apenas se sabía nada más que lo que enseñaba la geografía oficial que se impartía en las aulas. Estábamos tan equivocados que ese nombre nos sonaba a paraíso, posiblemente porque lo asociábamos, o incluso lo confundíamos, con Tahití, en la Polinesia Francesa. A esa mitificación contribuía su ubicación caribeña (Caribe sonaba a felicidad) el nombre rimbombante de su capital, Puerto Príncipe, y la historia colonizadora que nos hablaba de la llegada de Colón a una isla hermosa llamada La Española

Tardaría algunos años en descubrir que la realidad era muy diferente, en empezar a recibir otra información, a conocer otros datos haitianos, que nunca eran buenos, a descubrir que Duvalier era un hijo de puta y un asesino que se mantenía en el poder a sangre y fuego con la ayuda de los Tonton Macoute, sus perros guardianes a los que se les atribuye más de 150.000 muertes. Papá Doc –siempre me pareció curioso que un tipo como ese tuviese un sobrenombre tan paternal- se hizo nombrar Presidente Vitalicio (más o menos como nuestro dictador Franco) y gobernaba con el apoyo de Estados unidos, que tutelaba la vida del país (más o menos como ocurría aquí). Ignoro si allí también había bases estratégicas y peligro comunista

A pesar de que España vivía un régimen feroz y de falta de libertades, también llamaba la atención que un dictador como Papa Doc dejase en el puesto a su propio hijo (todo muy bananero), que a un Duvalier (François) le sucediese otro Duvalier (Jean Claude), que los haitianos pasasen de sufrir las iras de Papa Doc a padecer las de Baby(Nené) Doc. A esas alturas ya tenía muy claro que Haití, en La Española, en el Caribe, no era ningún paraíso.

Pero el recuerdo más brutal que conservo del Haití de antes del terremoto y la epidemia de cólera tiene que ver con la insurrección popular que acabó casi treinta años de Papás y Babys Duvalier, las imágenes de la revuelta que aquí todo el mundo saludó al grito de “a todos los cerdos les llega su san Martín”, a pesar de las imágenes en que los torturadores ocupaban el lugar de torturados, de las detenciones de Tonton Macoutes. Parecía que, aunque fuese con ayuda del ejército, ese país cambiaba su destino y mejoraba su suerte, pero no…

Han sido tantos los cambios en el poder, los golpes de estado, los relevos presidenciales contados poco y mal, el paso de Henri Namphy a Manigat, el regreso de Namphy, que fue derrocado por Prosper Avril;luego Trouillot, y más tarde Jean Bertrand-Aristide, hasta una,dos y tres veces derrocado y repuesto. Entre medio más violencia, incluida una ocupación del país por los Cascos Azules…..y como colofón de este ir de tumbo en tumbo, el terremoto de 2010, la solidaridad momentánea, las promesas incumplidas y el papel “salvaguarda” de Estados Unidos.

En un país tan supuestamente católico como España llamó especialmente la atención un personaje como Aristide, debido a su condición de sacerdote salesiano que para muchos se antojaba como el redentor del pueblo destinado a poner fin a los problemas de un país tan castigado. Parece que no fue así, aunque mi documentación dice que René Préval, presidente cuando el 12 de enero se produjo el terremoto, era seguidor de Aristide

Sabemos que fue el primer país de América Latina en obtener su independencia, que su lema oficial copia el liberté, fraternité, legalité francés, que su constitución y su régimen presidencialistas se inspiras en Francia y Estados Unidos, perolas las vicisitudes de Haití han hecho que , especialmente después del terremoto, pero incluso ya antes, cuando encabezaba el récord de la pobreza y la instabilidad política, Haití fuese percibido como eso que las democracias formales suelen llamar “Estado fallido”, un sitio donde nada funciona y todo , aunque parezca casi imposible, pueda ir todavía a peor.

De algún modo es visto como el más africano de los países latinoamericanos (en el peor de los sentidos), también por el origen esclavo y negro de la mayor parte de su población, pero sobre todo por su incapacidad de salir adelante sin la tutela y la ayuda internacional. Haití es sinónimo de pobreza, de desigualad, de país mendicante, de destrucción de recursos naturales, de violencia, de catástrofes…

Un aspecto que llama mucho la atención, debido en buena parte a que ha sido de los más abordados (por exótico) en los medios de comunicación, es el del vudú, al parecer muy extendido, e incluso la creencia en los muertos vivientes (Zombies), aunque últimamente da la impresión de que allí casi todos los vivos se pasean permantemente en el linde la muerte. También sabemos que hay ricos que van a misa y viven en barrios mucho menos afectados por el terremoto.

Ni siquiera el seísmo de 2010, como tampoco los huracanes anteriores, los golpes de estado, los asaltos al poder, los mandatarios depuestos, han servido para que se de una imagen fiable y no interesada de ese país. La comunidad internacional, como suele ocurrir, respondió impulsivamente a la última de las grandes catástrofes, unos con soldados, otros con médicos, otros con ayuda material, y aquello se llenos de ONG’s. Pero los movimientos de solidaridad perdieron fuerza en poco tiempo y todos cuantos vienen de allí aseguran que lo peor para Haití empieza cuando deja de hablarse de su terrible situación. De hecho, ya hubo apagón informativo hasta que llegó la epidemia de cólera, y ayer, o anteayer, escuche que hacen falta urgentemente 120 millones de euros, ¿o era de dólares?, para hacer frente al enésimo problema de Haití.

No es mucho lo que sé de ese país que es una herida abierta permanentemente,
siempre supurando, pero que desde esta España empobrecida y cargada con sus propios problemas, que ha dejado de ser un país de nuevos ricos, se percibe demasiado lejano